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En los últimos meses mi vida profesional me ha vuelto a acercar al emailing como herramienta de ventas.
Hay quienes aseguran que el email ha dejado de ser eficaz pero me permito discrepar.
Evidentemente es difícil lograr los índices de apertura que conseguíamos en los comienzos, cuando quienes llevábamos años haciendo marketing directo con las herramientas tradicionales, descubrimos que el email nos permitía llevar a nuestros clientes y “prospectos”, las promociones y ofertas de nuestra empresa manteniendo los principios fundamentales de nuestra estrategia de comunicación.
Ofrecía importantes ventajas.
- Con el mailing tradicional dependíamos de que el servicio de correos entregase el mailing en los plazos previstos. Los retrasos en ocasiones eran de varios días y podían dar al traste con la planificación de compras y ventas; el email nos permitía definir el día exacto e incluso la hora de la entrega.
- Al igual que la entrega podía ser casi inmediata, la respuesta y la posible venta podía llegara vuelta de correo en el mismo día. Esta posibilidad favorecía enormemente la compra por impulso.
- Pero la ventaja fundamental se reflejaba sobre todo en los presupuestos. El coste de una campaña de emailing era infinitamente menor.
También entonces se dijo que el mailing moría para dejar paso a las nuevas tecnologías.
En aquel momento al igual que ocurre ahora, los mailings perdieron efectividad porque los posibles clientes estaban cansados de recibir en su buzón todo tipo de promociones comerciales en forma de carta personal. Hoy son los buzones del correo electrónico los que están saturados de mensajes comerciales. En ambos casos nuestro envío puede acabar en la basura sin abrir.
Pero eso no quiere decir que el mailing o el e-mail estén muertos. Con ambas herramientas podemos lanzar una campaña de éxito siempre que seamos capaces de distanciarnos de aquello que está haciendo la mayoría.
¿O acaso alquien piensa que la nueva tendencia de comunicación comercial vía smartphone no acabará saturando a los usuarios igualmente?
A mi modo de ver el problema no radica en las herramientas sino en el uso que hacemos de ellas.
En estos tiempos difíciles que nos está tocando afrontar, en muchas empresas las estructuras de personal se han tenido que reducir al mínimo y el volumen de trabajo es tan acelerado, que no nos tomamos el tiempo suficiente para reflexionar sobre qué estamos haciendo, qué nos funciona y qué deberíamos cambiar. En marketing es fundamental, reflexionar, testar y analizar… para alcanzar resultados.
